sentado en su cama
(fowler????)
mi abuelo es un extraño animal inmóvil
un animal laso
rescatado del suelo
sujeto por las axilas descarnadas
confiado a la reparación de sus huesos sobre la cama destendida
la otra cama, sólo suya, de dormir sin agujas ni acompañantes
que ha de abandonar cuando aparezca la sirena anunciatoria
largo después
(nueve horas esperando la ambulancia!!!!)
para ser nuevamente herido
esta vez por la mano del hombre.
harto de vivir a la vista de todos
su cuerpo crece hacia dentro
introspecciona
se hace niño cuando su mano grande
(añosa???, macilenta???, con una falange de menos???)
lúcida en fin, sella la boca
y parace gritar
"qué capricho inútil tanta comida a trompicones"
la cabeza desganada escabulléndose
y eso que apenas pasamos la tercera cucharada
la fórmula se enfría, la carne dentro de ella se vuelve amarga
siente el hastío de haber muerto para nada
pero mi abuelo reniega,
se agita
balbucea
y entonces la vianda también se descompone
avanza hasta el borde de la fuente color ámbar
asoma sus ojos tristes y ve
que no sirvió de nada
que la tierra abandonada
era refugio más seguro que las venas de este hombre tan viejo ya
que no quiere siquiera el sustento
la batalla progresa
mi tía con sus mañas
pero el abuelo como una enredadera
que espera el tiempo de aprehender el sol (otro sol???, uno que no alcanzamos a ver)
el tiempo de alzarse de sus raíces nuevas
-de silla de ruedas y botas de escayola-
y saltar la tapia inexistente
avanzar lento
dejar el portal
paso a paso, minuto a minuto
sobreponer la calle
el guijarro difícil
esquivar un juguete abandonado (sin suerte??)
para luego, feliz, mirarnos desde esos tres metros
-vencidos por la fe más que por la fuerza-
embutido en su traje de tubos
niqueladas sus piernas tercera y cuarta
como si ya no fuese un animal
sólo un robot, una machina animatta
que aprendió a sonreír.
sábado, 24 de julio de 2010
lunes, 5 de julio de 2010
senza fine...
chillaba como un puerco.la sangre le corría mezclándose con el sudor y esa grasa asquerosa y maloliente que había usado para pegarse los pelos al cráneo.aún llevaba la camisa a cuadros y la luz le pegaba en el cogote cuadrado como si alguien la hubiese puesto ahí a propósito. parecía un montaje teatral y cualquiera lo hubiese jurado pero ahí estaba la sangre para desmentirlo.la sangre y sus chillidos de puerco que sabe que va a morir.puede parecer extraño pero empecé a acordarme de las fiestas de fin de año,cuando mi abuelo sacrificaba uno o dos lechones para la cena familiar y las mujeres reían con los dedos llenos de masa para hacer buñuelos.cerré los ojos y todo cuanto no fuese la fiesta desapareció.me vi con las manos llenas de masas fritas y y la caja de bombones rellenos que me habían regalado mis tíos para comer cuando fueran las doce de la noche y el año viejo se fuera para siempre. sentí un sabor denso a chocolate con licor y trufas y tuve ganas de ver los papeles dorados de envolver golosinas que aprendí a convertir en flores diminutas que no se marchitan.cuando miré no había nada salvo,al fin,algo de silencio. entonces supe que él no volvería a levantarse,al menos no en un par de horas. fue la primera vez que vi la habitación tal y como era.sin el embrujo de la luz filtrada por entre sus pelos ni la letanía de sus gritos. era un sitio espantoso y sucio. en un segundo mis manos se relajaron, se distendió mi mandíbula y el trozo que llevaba allí más de una hora cayó sobre el suelo como de ajedrez.me limpié la boca con el borde del vestido que a esa altura ya no era rosado sino púrpura. me levanté dando tumbos porque tenía los pies entumecidos, y salí al pasillo. la luna era como un platanito, como la sonrisa del gato de alicia, y yo podía soñar otra vez con volver a la escuela como si nada hubiese sucedido. eché a andar e imaginé que un reloj,como siempre pasa en todos los cuentos,marcaba la hora con sus campanadas graves. en dos días cumpliría diecinueve años y empezaba a estar harta
martes, 15 de junio de 2010
primera vez
la primera vez que tuve sexo fue a los dieciocho años. (era verano y descansaba sobre el piso verdecido de una nave industrial). antes de eso sólo había sido un extraño ejercicio de hombres entrando y saliendo de mi cuerpo en una transformación de lleno a vacío, a nada, a gato de alicia, a piel seca de serpiente que es preciso desprender del propio cuerpo contra alguna roca o mueble para que al fin nos libere y volvamos a respirar. pero aquella vez fue más una sensación de que todo empezaba a tener sentido y que el experimento llegaba a su fin. después- sobre todo cuando me hartaba de las patéticas y abruptas demostraciones de amor y placer que algunos te profesan y dicen regalarte como si se tratase de un tesoro tan infantil como innecesario y entraba en esa fase cataléptica que te permite observar todo, incluido el propio acto de copulación, desde la feliz distancia de la indiferencia- volví a jugar a esa especie de gimnasia reproductora que tan afín resulta al objetivo de estudiar a los ejemplares masculinos, analizarlos como a ratas de laboratorio, definir y guardar en la memoria cada rasgo o expresión, cada gesto, cada palabra, y archivarlos en esa gigantesca base de datos en la que cada hombre futuro encontraría clasificación y límite. (...)
lunes, 14 de junio de 2010
madrugada
no sabría bien cómo decirlo. ni siquiera sabría cómo pensarlo, o inventarlo, pero lo cierto es que la madrugada me despertó las ganas de perderme otra vez, de hundirme en ese infinito vaginal en que me convierto cuando el alcohol pesa más que la sangre y el oxígeno me llega con un bautizo de tabaco y gasolina. entonces quiero trasmutarme: yo mesalina, yo sacerdotisa, yo virgen otra vez, y sentir que nada vale la pena si no pasa a través del ritmo de la muerte. quería suicidarme de alcohol y de sexo, quería lanzarme sobre la ciudad con su vaho denso y su aura obscura, atraparla, travestirla, hacerla mi amante: dos hembras que danzan con el vientre desnudo y como un espejismo para seducir a los chóferes borrachos, tristes bajo el peso del hastío de una buena mujer que le plancha su máscara de arrugas y le almidona las ganas. eran apenas las dos y ya me habían echado de al menos tres fiestas. entonces te vi, vomitando la vida como una cosa sucia, una amalgama pegajosa que tratabas de quitarte de los zapatos con la punta de tu camisa sin botones. parecías un espectro: sucio, flaco, desgarbado, ideal para mis planes de lenta aniquilación de la alegría. tenías un ojo morado y andabas sin papeles. tuve que ponerte un nombre e inventarte una historia. eras perfecto, divino, casi uno de esos regalos que la gente más pobre pide a la providencia con la certeza de que nunca llegará y la esperanza de que los milagros existen. tenías los ojos negros y perdidos. hay que reconocer que siempre me gustaron los hombres de ojos negros. trataste de ponerte en pie para parecer menos borracho y evitar otra golpiza. entonces viste acercarse a una mujer de ésas que te quitan el aliento y siempre pasan en un auto caro con un imbécil lleno de billetes y pensaste: qué mierda me habrán puesto en el trago que empiezo a ver una rubia de playboy loquita por sobarme los huevos. pero no era el trago, no era la puta pastilla en el fondo de la botella, porque la rubia casi llegaba para chuparte los labios llenos de vómito y poner tu mano lánguida como un sello que contuviese el aleteo de su sexo caliente. no entendías nada, y cómo ibas tú a entender que la noche me pedía una compensación por tanta mierda de compostura, por tantas horas de vestirse bien y tanta risa ensayada para provocar deseo o empatía. cómo ibas tú a saber que eras mi pasaje, mi salvoconducto, el desquite por los años que pasé con la bestia de mis ganas maniatada y embutida en un título universitario y medio kilo de rímmel. cómo ibas a imaginar que yo era un pozo, un hueco salvaje y brutal al que habían puesto un tapa burda e infame y que sólo vivía como se oía: en una sordina ridícula y desgraciada. tenías cara de perdedor y eso te volvía irresistible. querías parecer un macho capaz y trataste de tomarme de la mano mientras me decías ¿qué quieres muñeca? no tengo ni un medio esta noche. entonces te besé otra vez, fue un beso más que convincente y te dejaste llevar por mí, arrastrado hacia ese agujero negro que me vuelvo cuando mi cuerpo manda y nada importa sino la promesa del orgasmo que será, de los muchos orgasmos... no sabría bien cómo decirlo pero desde esa noche salgo a la caza, soñando encontrarte otra vez, esperando el milagro de verte caer ebrio sobre tus pantalones desteñidos y ese polo de cien dólares que compraste cuando apenas tenías para una cerveza.
lunes, 31 de mayo de 2010
roto
algo murió. no ayer, ni ahora, ni siquiera esta mañana, pero algo simplemente ya no está y me duelen los ojos de tanto no mirar a ningún sitio, de tanto cerrarlos para que las manchas del techo no se me conviertan en una absurda geometría llena de pistas y señales por la que tendré que pasar para alcanzar el sueño.
algo definitivamente está roto, no dentro de mí, ni fuera, ni siquiera en algún sitio. y los perros en sus ladridos, siguiéndome en la calle con sus ojos fijos en mis ojos como quien exige una palabra, un gesto, una secreta confirmación que dé comienzo a este anunciado ritual de despedidas.
todos saben que algo ya no está. todos esperan el silbato final, la máscara, la mueca que se rinde y me libera.
y yo no sé qué hacer para dilatar esta sonrisa, para distender una armonía tan imposible como absurda. y yo no sé qué hacer pero tengo en mi piel todos los trozos de ese algo que quizá se rompió sólo para que yo lo sostenga.
algo definitivamente está roto, no dentro de mí, ni fuera, ni siquiera en algún sitio. y los perros en sus ladridos, siguiéndome en la calle con sus ojos fijos en mis ojos como quien exige una palabra, un gesto, una secreta confirmación que dé comienzo a este anunciado ritual de despedidas.
todos saben que algo ya no está. todos esperan el silbato final, la máscara, la mueca que se rinde y me libera.
y yo no sé qué hacer para dilatar esta sonrisa, para distender una armonía tan imposible como absurda. y yo no sé qué hacer pero tengo en mi piel todos los trozos de ese algo que quizá se rompió sólo para que yo lo sostenga.
viernes, 28 de mayo de 2010
poema chinesco
dos sombras de hombres se golpean en el callejón de la sacristía, la botella sobre los adoquines, la navaja surcando el aire, el silencio mudo de los vecinos que siguen la movida detrás de las cortinas de su habitación. mi sombra corre semidesnuda hasta la puerta de la catedral a ver si dentro alguna otra sombra conocida y menos brutal me ampara hasta que me recomponga el vestido y la sonrisa. pero no hay nadie allí, la iglesia sólo abre sus puertas de lunes a domingo entre las ocho de la mañana y las tres de la tarde. mi sombra se lanza otra vez a la carrera, salta encima de las sombras de los hombres que aún pelean sin que se pueda imaginar vencedor ni vencido, pasa veloz frente a los cristales rotos de la pajarera y enfila rumbo a la densa tranquilidad de la taberna. suena el reloj del palacio de gobierno y la sombra de una lechuza cruza el parque en busca de la sombra de un mayito rezagado. se hace la luz, el sol amenaza terminar con esta vida de madrugada y las sombras de los hombres se separan de buena fe, se dan la mano y pactan el fin de la contienda para la próxima noche.
martes, 18 de mayo de 2010
mémoire (para eduardo, sin razón aparente)
mañana
el fin de año era el tiempo de los buñuelos
de la masa correosa entre los dedos de las mujeres
del trago de cerveza helada al amanecer (y para amanecer)
de la mesa sueca (cubanísima??)
el tiempo del arroz congrís sacudiendo el barrio
despertando el deseo
el instinto animal
la gula
la carne que alebresta la carne
antropofagia erotómana
salivada
promisoria
(pontifical??)
la alevosía de despedir el año entre cubos de agua
!a la calle!
fuera con toda la pena
con toda la nostalgia
con la angustia toda
y chupar como si nada el rabo crujiente de aquel puerco
que en las horas lejanas (y violentísimas) de la mañana
el cuchillo del abuelo había desangrado
ante los ojos de todos
el abuelo sacerdotal, en su divino ministerio
empuñando su jerarquía patriarcal sobre la tabla del martirio
proveyéndonos
brutal
despojado de esa corona (halo??) de bondad
que sólo veíamos caer cuando la faja de cuero asomaba de golpe
(para dar el..., los...???)
castigadora
infinita
ciega como la justicia,
animal,
distendida luego ya
-no como una extensión parapléjica de su mano
!nunca!
sino en el santo orgasmo de la autoridad-.
y la panza blanca y destripada del cerdo
contra la madera
expuesta, húmeda aún
inmutable en esa servidumbre que le impusimos
la carne babilónica que habría de saciarnos
(no había hambre que matar, no había!!!)
la panza en fin
rota de un tajo
despojada, sin seso ni mondongo
(como un sarcófago privado de lápida, de mármol)
zurcida luego para mejor cocer el arroz.
y en la noche, justo a las doce
el himno nacional (sin bautismo político, sin continencias, más como una bendición, un santo y seña)
el discurso etílico y avizor del tío josé
(no el ciego, que ya es muerto, sino el otro, el sin hijos, el tan flaco, arruinado, amargo en su memoria de antes)
el brindis donde cada quien ponía más que su copa la vida.
el fin de año era el tiempo de la yuca con mojo
los tostones
la esperanza no como un quizá
como un entonces
como un y si fuese posible...
sino de por supuesto
de sólo falta un poco
de tengamos paciencia que la fe es muy larga
para encomendarle la alegría.
el tiempo de la familia como una encarnación tropical de la fortuna
dispendiosa, sin geografía
el tiempo de la ingenua y natural certidumbre
de esos días en que mañana no era sino una promesa,
La Promesa de la risa por llegar.
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el fin de año era el tiempo de los buñuelos
de la masa correosa entre los dedos de las mujeres
del trago de cerveza helada al amanecer (y para amanecer)
de la mesa sueca (cubanísima??)
el tiempo del arroz congrís sacudiendo el barrio
despertando el deseo
el instinto animal
la gula
la carne que alebresta la carne
antropofagia erotómana
salivada
promisoria
(pontifical??)
la alevosía de despedir el año entre cubos de agua
!a la calle!
fuera con toda la pena
con toda la nostalgia
con la angustia toda
y chupar como si nada el rabo crujiente de aquel puerco
que en las horas lejanas (y violentísimas) de la mañana
el cuchillo del abuelo había desangrado
ante los ojos de todos
el abuelo sacerdotal, en su divino ministerio
empuñando su jerarquía patriarcal sobre la tabla del martirio
proveyéndonos
brutal
despojado de esa corona (halo??) de bondad
que sólo veíamos caer cuando la faja de cuero asomaba de golpe
(para dar el..., los...???)
castigadora
infinita
ciega como la justicia,
animal,
distendida luego ya
-no como una extensión parapléjica de su mano
!nunca!
sino en el santo orgasmo de la autoridad-.
y la panza blanca y destripada del cerdo
contra la madera
expuesta, húmeda aún
inmutable en esa servidumbre que le impusimos
la carne babilónica que habría de saciarnos
(no había hambre que matar, no había!!!)
la panza en fin
rota de un tajo
despojada, sin seso ni mondongo
(como un sarcófago privado de lápida, de mármol)
zurcida luego para mejor cocer el arroz.
y en la noche, justo a las doce
el himno nacional (sin bautismo político, sin continencias, más como una bendición, un santo y seña)
el discurso etílico y avizor del tío josé
(no el ciego, que ya es muerto, sino el otro, el sin hijos, el tan flaco, arruinado, amargo en su memoria de antes)
el brindis donde cada quien ponía más que su copa la vida.
el fin de año era el tiempo de la yuca con mojo
los tostones
la esperanza no como un quizá
como un entonces
como un y si fuese posible...
sino de por supuesto
de sólo falta un poco
de tengamos paciencia que la fe es muy larga
para encomendarle la alegría.
el tiempo de la familia como una encarnación tropical de la fortuna
dispendiosa, sin geografía
el tiempo de la ingenua y natural certidumbre
de esos días en que mañana no era sino una promesa,
La Promesa de la risa por llegar.
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