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viernes, 16 de septiembre de 2011

paternalia (fragmentos)

III

no sirve- dice mi padre-
y siento cómo la piel de mango
se desprende
y con ella (en su caída)
el músculo, el tendón, la grasa
el hueso al descubierto
expuesto y difícil.
no sirve- repite meneando la cabeza-
y la memoria se fragmenta
se esfuma
se trasmuta en novela.
no sirve- por última y tercera vez-
y ya no hay ante mí
si no este hombre
brutal, deconocido, testarudo
que reniega.

sábado, 24 de julio de 2010

mañana

sentado en su cama
(fowler????)
mi abuelo es un extraño animal inmóvil
un animal laso
rescatado del suelo
sujeto por las axilas descarnadas
confiado a la reparación de sus huesos sobre la cama destendida
la otra cama, sólo suya, de dormir sin agujas ni acompañantes
que ha de abandonar cuando aparezca la sirena anunciatoria
largo después
(nueve horas esperando la ambulancia!!!!)
para ser nuevamente herido
esta vez por la mano del hombre.
harto de vivir a la vista de todos
su cuerpo crece hacia dentro
introspecciona
se hace niño cuando su mano grande
(añosa???, macilenta???, con una falange de menos???)
lúcida en fin, sella la boca
y parace gritar
"qué capricho inútil tanta comida a trompicones"
la cabeza desganada escabulléndose
y eso que apenas pasamos la tercera cucharada
la fórmula se enfría, la carne dentro de ella se vuelve amarga
siente el hastío de haber muerto para nada
pero mi abuelo reniega,
se agita
balbucea
y entonces la vianda también se descompone
avanza hasta el borde de la fuente color ámbar
asoma sus ojos tristes y ve
que no sirvió de nada
que la tierra abandonada
era refugio más seguro que las venas de este hombre tan viejo ya
que no quiere siquiera el sustento
la batalla progresa
mi tía con sus mañas
pero el abuelo como una enredadera
que espera el tiempo de aprehender el sol (otro sol???, uno que no alcanzamos a ver)
el tiempo de alzarse de sus raíces nuevas
-de silla de ruedas y botas de escayola-
y saltar la tapia inexistente
avanzar lento
dejar el portal
paso a paso, minuto a minuto
sobreponer la calle
el guijarro difícil
esquivar un juguete abandonado (sin suerte??)
para luego, feliz, mirarnos desde esos tres metros
-vencidos por la fe más que por la fuerza-
embutido en su traje de tubos
niqueladas sus piernas tercera y cuarta
como si ya no fuese un animal
sólo un robot, una machina animatta
que aprendió a sonreír.

martes, 9 de marzo de 2010

mi abuelo

apenas las seis y ya no hay sol
y sobre la mesa el plato con la cena
que mi abuelo mira desde su cansancio de siete hijos y
noventa y cuatro abriles
literales
cada uno envuelto en el humo del tabaco
en la tierra que perdió
(que le quitaron)
y llama una a una sus vacas
por su nombre
matilda
esmeralda
benancia
y mi abuela que le empuja con el pie la mano hirsuta
extinta casi
que aún enlaza el viento y la tierra roja donde su hermano
(josé, el ciego, el del medio, el muerto ya)
sembraba mariposas
blancas mariposas para la mesa de mediodía
y su madre con dedos de hombre
vi-ri-les
llenos de leche fresca
de calostro
de tristezas
y mi abuelo
desmañado, vencido
patalea para que mi padre no lo obligue al baño
a la rutina de una vida
que todavía exige (pelado, afeitado, limpio, feliz)
inmaculado en fin
su cuerpo a la espera, listo
para esa extraña concepción de una muerte que ve pasar en coches fúnebres frente a la puerta de madera de la casa vieja
de muertos cada vez más jóvenes
murmurados, emotivos, nietos de sus compadres.
con ese miedo a la muerte que juega con su paciencia
como un gato con su presa
y le manda sus respetos en un desmayo
(ahora sí no vuelve más, se vidrió la mirada, esta vez hay que llamar al doctor. diga usted que ha muerto)
y abre sus ojos de nueve décadas y cuatro años extras
y sonríe
y sonreímos todos
mi padre incluido
(esa bestia inmutable, lacónica, hijadeputa casi)
por esta vez la libertad
la cama a solas con la almohada y la colcha tibia
las medias olorosas
nadie que diga levántate, ya es hora
camina-come-sueña-tomaelsol-tomaunaducha
nadie que certifique está vivo, está bien, nos hace caso
es como un hijo malcriado
lleno de resabios, de malos modales
uno que se inventa dolores y fatigas para que no lo obliguen a esa vida
dura, larga, insípida, torpe
que es su cruz tan bendecida
y que acaso olvidó cuando le arrancaron
allá lejos
fuera
al norte quizá
al hijo que no alcanzó a ser pródigo.