La disculpa entra al corazón desde el oído, viaja en espirales desesperadas, tratando de no perderse entre el murmullo de la sangre que se agolpa.contra las paredes de una ciudad en fuga. La palabra se desvanece al contacto con la amígadala, se pulveriza, trata de mutar en luz. Pero el corazón es heliocéntrico, y cambia su anatomía como cambian las estaciones a pesar de las abejas. El sonido ha realizado su destino, la música del perdón es tan ambigua como el viento.
jueves, 4 de junio de 2026
Minimalia
Es invisible la mano que golpea sin moverse; la que aletea desde el fondo del corazón, asemeja una ráfaga de aire en cámara lenta, y provoca el mismo sobresalto que una taza de té al caer de la alacena. Es invisible la lágrima que rueda entonces oxidando la bisagra, dotándola de ese chirrido sutil de parquecito infantil a mediodía, de cisne viudo. Es taciturno el hollar de la gota de sal hasta la taza imaginaria que reposa en el suelo luego de la caída imposible, del aleteo presentido, del dolor real. Es invisible la mano inmóvil, pero cuánto destrozo en la agrietada textura de la memoria.
martes, 2 de junio de 2026
Re(invo)luciones.
Los caminos empiezan y terminan en el corazón. Ahí se labran, se tuercen, se desmoronan. La vida entera es un latido que ha muerto antes de acontecer, una respiración, un aleteo que se desplaza por las venas pero en una dimensión diferente. Uno se lanza a andarlos con las manos abiertas y las va cerrando hasta que no puede sentir nada que no sea el puño apretado sobre sí mismo. Ya no podemos percibir el mundo desde las yemas de los dedos, sólo podemos aporrear el muro tratando de herirlo, de abrir una hendija para el escape. El corazón se transforma en una piedra inerte, una casa abandonada, una fe que no hay donde depositar. Y muere, lentamente, hasta que sólo es un puñado de cenizas en el viento, una mariposa fantasma que ha iniciado el regreso al sol..
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