La disculpa entra al corazón desde el oído, viaja en espirales desesperadas, tratando de no perderse entre el murmullo de la sangre que se agolpa.contra las paredes de una ciudad en fuga. La palabra se desvanece al contacto con la amígadala, se pulveriza, trata de mutar en luz. Pero el corazón es heliocéntrico, y cambia su anatomía como cambian las estaciones a pesar de las abejas. El sonido ha realizado su destino, la música del perdón es tan ambigua como el viento.
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