lunes, 30 de noviembre de 2009

....

Hoy tengo una tristeza suave, dulce, negligente casi.
Una tristeza de hospitales rotos
de persianas empolvadas
y parquecitos vacíos.
Una tristeza de carnavales incautados
de calle que masacra sus venas de agua
y amigos por correspondencia.
Una tristeza de gorrión desplumado,
de tejas que rompió el aguacero,
de luna que no pasó de la ventana.
Hoy tengo una tristeza de palabra muerta, inconclusa, airada
Una tristeza de gente que creció demasiado aprisa
de minutos contados
y sueños que se rajan con los buenos días.
Hoy tengo una tristeza así,
de madrugadas en el mar
(a la orilla de la vida)
sin fuerza ni deseo
Una tristeza de puntero roto
y zapatillas sucias
pequeña, cotidiana, incurable.
Una tristeza sin libertad ni esperanza
cómoda, moldeable
sombra de mi sombra
carne de mi carne.

(sabrás q es para ti??? no lo diré. lo juro jajajajajajaj)

miércoles, 28 de octubre de 2009

33 y...

Tantas cosas que yo nunca quise pedirte, que nunca te pedí, y tú que te empeñas en lanzarme una cuerda para salvarme de alguna obscura caída que amenaza con dejarme despierta y perdida hasta nunca jamás.

Tanto aire listo para romperse en un grito y distender esta estúpida tranquilidad que hace planes para instalarse en mis días y disfrutar de mi sangre, de mi energía, de la vida que me dejé en las calles y los portales cuando el cansancio me ganaba la pelea en el camino de regreso a casa.

Tantas y tantas horas sin sol, sin amaneceres, disputándonos la noche en un trozo de parque desierto y mal iluminado para que ahora sólo quieras salvarme, desprenderme de esta difícil amalgama que soy cuando despierto y el mundo reinicia en mi cabeza como un error, una falsa utopía, una mentira...

Pero las horas aún están de mi lado y esta noche va a pasar como si la madrugada no importara un carajo. Y voy a soplar la vela y pedir un deseo como las otras 32 veces. Y después voy a tomar hasta la asfixia y la desmemoria; hasta los pasos cruzados y las ganas de escupir el alma con el último buche de ron que puede permitirme este bolsillo sin fondos, hambriento como una bolsa de pan sin pan.

Y tú que insistes, que me hablas, que nombras la cordura como si en ello te fuera la vida y te jugaras algo más que unas palabras vacías de todo, llenas de esa nada que prefieres para no arriesgar el aliento, la cama tendida, y las tres comidas al día.

Y yo que nunca quise nada salvo que murieras por mí, que me buscaras hasta encontrarme en todas las cosas, en todos los pequeños olvidos y las torpezas... yo que nunca pretendí sino tu vida, tus ganas, tus tristezas... y tú que sólo quieres salvarme de mí, transfigurarme, nombrarme como si te perteneciera más allá de este segundo, de este beso que puedo y quiero darte sin que importe la mañana.

Tendríamos que tomar y tomar hasta que se nos paren los latidos y no seamos más que la lágrima, más que la promesa que no se cumplió y dejó a todos con una historia inconclusa y llena de esperanzas.

No tengo otra manera de decirlo. Anda solo a ese otro camino que acabas de descubrir: hoy no esperes por mí, no me salves...

martes, 13 de octubre de 2009

Canción para Manuel dormido

No sé por qué pero alguna vez tenía que pasar. Siempre dijimos que los perros, que la madrugada, que las horas sin dormir...jugamos todo sin importar quién se llevaba el premio y es un alivio porque ya no tenemos espacio para cargar con esas mierdas.

Recuerdo la primera vez que dormimos juntos: nos caímos a patadas a ver quién conseguía más espacio en la cama y contamos las horas para darnos un respiro entre la noche y los amaneceres, como si mañana fuese un tiempo que nos importara o tuviéramos fuerzas para lidiar con algo más que unas botellas, las mismas canciones, y aquellas largas pláticas en alemán que siempre empezábamos cuando estábamos tan borrachos como para que el español resultase ininteligible.

Después vinieron las begonias, los libros duplicados en el librero por si alguna vez había que empezar a dividirlo todo, las horas frente al mar con la ciudad prostituyéndose mientras esperábamos que la noche fuese más oscura para saltar la reja sin que nadie nos notara y hacernos el amor sobre algo seco y sin oleaje.

La gente siempre nos mira como esperando que todo se rompa de una buena vez y así consolarnos en esa normalidad que tratan de imponernos, que pretenden para acabar esta historia de muñequitos en la madrugada y partidos de canasta con los únicos amigos que nos quedan apostándonos la caminata hasta la próxima botella o la última tina de helados.

Escribirte ahora es mi fe de vida, la prueba irrefutable de que, en algún segundo, aún no estamos muertos. Tendríamos que seguir recogiendo gatos que lloran sobre las bolsas de basura en las aceras y dejarnos de joder con las cuentas, el espacio mínimo, y la economía.

Nunca nos van a perdonar que no haya trabajo con horarios, carro en el parqueo y una casa repleta de hijos. Ellos tienen sus planes para vernos caer y no piensan rendirse. No puedo evitar tanta filosofía barata: siempre que el insomnio me obliga a madrugar me invento una nueva estrategia para descorazonar a los imbéciles y no tener que cargar con sus miedos ni sus falsas esperanzas.

Tendría que levantarte para hacernos el amor frente a la cara histérica del guardaparques pero es otra vez jueves y los albañiles no acaban de llegar y este calor espantoso amenaza con derretirnos igual que a la última tableta de chocolate.

Nunca me han gustado las disculpas ni las explicaciones. Yo sólo quiero una copa de vino y que los putos vecinos paren de joder y de hacer ruido. No dejo de imaginar a Robert mientras canta oh baby, I never never never gonna leave you. Siento que muero de sueño pero tú estás a punto de despertar y los albañiles pueden llegar en cualquier momento... Es una mañana exquisita para disputarnos la cordura y si alguna vez tiene que pasar, mejor que sea ahora.

viernes, 9 de octubre de 2009

algunas cosas

algunas cosas nunca tienen sentido. no sé: las horas, los dulces que nunca aparecen cuando los quieres comer, las canciones donde la gente llora, los amigos que se marchan, los perros que se mueren en la noche y amanecen fríos en la puerta de tu habitación...
otras cosas están llenas de ese sentido estúpido y dulzón que prefieres no encontrarle a nada porque si no estaría el riesgo insalvable de la normalidad, los compromisos, y los resentimientos con los años que se fueron.
el resto de las cosas, y de estas no sé absolutamente nada y es una suerte, siempre quieren decir algo y, lo que es peor, siempre todos entienden lo que quieren decir.
algunas cosas me joden, me lastiman, me importan una mierda.
otras cosas me sobran.
el resto de las cosas deben tener algo que ver con esta soledad, este silencio, esta maldita paz.

viernes, 2 de octubre de 2009

esa gente

esa gente que tiene un hijo y se parapeta detrás de su pequeña vida para justificar las cosas que hace y las que no hace.

esa gente que tiene un hijo y lo usa como escudo y razón de su egoísmo y su mediocridad, y espera que el mundo entero lo comprenda, lo aplauda, lo compadezca.

esa gente que tiene un hijo como quien tiene una guerra formal con su vecino, como quien espera su diploma de graduado sólo porque no faltó a clases ni un segundo y siempre forraba las libretas.

esa gente que pretende que no se conoce la vida hasta que se tiene un hijo y nunca vivió el amor, la locura, la desesperanza.

esa gente tonta, formal, llena de miedos...

esa gente incapaz de jugarse la piel y la saliva salvo que al final lo espere un premio.

esa gente adicta a la mentira, a la televisión, a las radionovelas...

esa gente hija de su propia historia, heredera de la infamia de creerse mejores sólo porque la procreación es un acto que no exige licencias, ni garantías, ni proezas.

las palabras sólo sirven para definir aquello que ya hemos enmarcado y restringido: algunos lo llaman hijo, otros igual le dicen marihuana...

viernes, 25 de septiembre de 2009

vacaciones

tres días y cuatro noches. no sé bien por qué pero resulta que yo también pienso en eso. quizá sea esta horrible y espantosa reunión para subnormales. quizá sean los albañiles que últimamente aparecen detrás de todo mi tiempo,
detrás de todas las cosas y de todos los deseos. o la voz espantosa de mi jefe como un mantra increíble para no
alcanzar la paz, una absurda invención para romperte los oídos y obligarte a mirar las caras idiotas y aburridas
de esta gente mal vestida y llena de hijos que prepara y recibe conferencias y consulta su reloj mientras piensa
en pañales, almuerzos, billeteras vacías. tres días y cuatro noches david. yo también necesitaría una fuga
semejante, quién sabe si a ollantaytambo, quién sabe si a la luna. es tan fácil resistir, aguantarse las ganas de
salir corriendo y gritar por esa ventana abierta al infinito. lo difícil es romper esta quietud, desubicarse,
correr en pos de una semana sin horarios ni comidas ciertas, sin cama para dormir ni sueño...tres días david.
setenta y dos horas para desandar y desencontrarse. cuatro largas noches de insomnio, alcohol y janice joplin.
tengo treinta y dos años. no siempre ni generalmente pero a veces sí que los tengo y eso es algo que no entenderías. como cristo, sólo espero encontrar mi versión definitiva antes que estos imbéciles me claven en su cruz y coronen mis sienes con cualquier bagatela plástica. ahora ya casi acabó: lo dije y está muerto, roto. es un maldito rompecabezas. mi jefe ha parado de hablar y me mira con sus ojos siniestros de cordero. yo cuento su respiración y le escucho decir: tres días, cuatro noches, una mierda....

lunes, 14 de septiembre de 2009

Torta para David

Tiene que ser hoy. Ahora. No puedes simplemente esperar a mañana, empujar el carrito con el pie derecho y rezarle a los dioses de la inercia para que el impulso alcance a recorrer todo el camino desde tu invierno hasta este verano descomunal que me aprisiona y me obliga a vivir desnuda bajo la ducha. Tiene que ser hoy. Ahora. No puedes pedirme un segundo más, unas palabras, la próxima parada del autobús, la última carta bajo la manga. Yo lo sé. Tú debías saberlo pero siempre estarán en medio las banderas, los deseos, las traiciones, los bolsillos vacíos y las cuentas pendientes con la madrugada. Es tan absurdo tener un cumpleaños, un día en que todos sonríen cuando piensan en ti y esperan sentados a que piques y repartas el cake justo después de pedir un único deseo. (A veces soy una mujer, sobre todo en las mañanas cuando alguien me despierta reclamando un beso que no quiero dar y no doy. A veces también soy un hombre. A veces nada. Pero hoy soy apenas un cuerpo desganado y una cara somnolienta, sin fuerzas para subir el muro de un salto y lanzarme otra vez a la calle, a la vida que hasta hace apenas dos horas me pertenecía). Hoy es un día cualquiera en esta isla infinita y cerrada sobre sí y no me alcanzan las palabras para inventar otras historias que no hablen de este cansancio atroz y estas ojeras. No voy a cantar felicidades ni encender las velitas en tu cake y tendrás que perdonarme si tampoco me importan los sobrinos, la coca, y los bares donde las putas y las colegialas son siempre la misma cosa. Si estuvieras aquí tal vez no hicieran falta las palabras, ni la filosofía, ni la literatura... pero no estás y alguien todo el tiempo me repite que duerma un poco, que pare de joder, que regrese al trabajo, el salario mensual y las comidas para gatos. Ojalá esta noche vayas a lo de Celia y bailes una salsa en mi honor y te rompas los pulmones con dos rondas de ese ron de contrabando del que siempre te hablé y que probablemente nunca tomes. Ojalá pase algo y la chica que hace sombra te llame en medio de la madrugada para compartir un taxi hasta el pasado y aliviar las urgencias de ese amor adolescente que aún te pesa en la piel por más que intentes camuflarlo. Al final de esta historia sin grandes sobresaltos ni tiempos verbales tal vez esté Madrid como una tentación, como un estúpido camino hacia la nada. Tengo un sueño espantoso David, los ojos se me cierran a pesar del alcohol y las tazas de café. Tendrás que seguir con esta farsa tú solo. No puedo evitarlo. Encender 22 velas es un trabajo demasiado pesado para una nena que lleva dos noches sin dormir esperando a unos albañiles que quizá no existan y cantando canciones de rock mientras se afeita rigurosamente el pubis y juega a la ruleta con un trozo de papel y unas plumas viejas. Mañana, si acaso no es verdad que mañana no es sino una promesa para incautos, podrás convencerme de que eres un hombre que se juega la vida porque no soporta la esperanza. Pero esta tarde aún tienes 21 años y nombras el hastío como si fuese un amuleto, y juegas con las cartas que otro marcó para ganar la apuesta. Mañana tal vez... pero antes recuerda soplar hasta apagar todas las velas.

(en fin, felicitures y otras (dei)dades para ti, que eres todo un hombre jajajajajajajaja)