jueves, 14 de abril de 2011
alumbrón (fragmentos)
viernes, 21 de enero de 2011
anatomía de un jefe
no a los ojos
sino al escote
o a la nuca, sobre el hombro, a hurtadillas
en silencio
no como un voyeur
no como un amante
no como un amigo que me cuida la espaldas
pero agazapado
parte todo de un plan
una estrategia
un trabajo insulso y desgraciado en el que te sientes libre
y feliz
como un bicho de fango en su pequeño paraíso
y quieres q muestre mi gratitud liquidando la deuda inmensa
(externa, impagable??)
al contado y en frente de todos.
pero no hay precio
ni deuda
ni pago
ni fe más allá de una inspiración por segundo
no hay nada que agradecer porque doblando el lomo
sólo aprendemos
a doblar el lomo
a fijar la vista en el surco difícil
que nos labras como pena sin recurso
como castigo casi a la existencia
a la osadía de vivir
de soñar
de tener sueños.
y tú, animal anónimo
anodino
anonadado
ante el poco (nulo) valor de tus valores
de tus prendas de cambio
del manojo de poder que, agua al fin
se hace ola
y espuma
y nada
entre tus propias manos
dejándote no limpio ni puro
sino escasamente yerto
vacío
anatómicamente ordinario
ni siquiera bestia ya
los ojos como dos lámparas rotas
como dos negrísimos agujeros
la materia gris verde podrida
fecal
gravitatoria
sin ancla ni función
sin rumbo, ni puerto, ni timón, ni albedrío
sin deuda que cobrar
sin poder para ejercer
hastiado en su vacuidad
consciente en su pobreza
en la miseria de vivir
esa vida miserable
que no tuviste
siquiera
el descaro de elegir.
jueves, 13 de enero de 2011
ceremonial
al amparo de una pena fugaz
cuando todos se han ido
lunes, 22 de noviembre de 2010
poema de amor desmadejado
ensañarnos alevosamente cursis
y amar desconsolados
y de lunes a viernes en capítulos de cuarenta y cinco minutos
debíamos amanecer y anochecer enamorados,
perdidos,
intoxicados de feromonas y hormonas y serotoninas y endomorfinas
y amar con cara de idiotas, con palabras de idiotas, y con el providencial hilo de baba.
debíamos amar inescrupulosamente, a tiempo completo y sin vacaciones ni salarios
amar como bestias enloquecidas y pendientes de reproducción
(bajo amenaza de extinción y con sobre de despido)
debíamos amar insustanciales, como caldos sintéticos (de pollo)
y centrales de esterilización y bancos de semen sin donaciones anónimas
debíamos amar a destajo, con energía renovable y mayoría absoluta.
deberíamos amar como si en verdad pudiéramos, y supiéramos, y quisiéramos
pero somos de polvo y papel moneda
y la materia de los sueños compite con el último grito de la moda
y se ve su anorexia en el plasma carísimo de una tv con demasiadas pulgadas.
lunes, 15 de noviembre de 2010
Infidencia casi prosa sexual
Regálame esta madrugada. Deja que te sueñe hoy y te muerda, y te cabalgue, y te chupe, y te bese... piénsalo, vívelo, imagínalo, suéñalo, y ven, y rómpeme, y entra en mí, y vuélveme loca, hasta morir. Quiero que me tomes toda, que te abalances sobre mí, que me muerdas, que nada te detenga. Quiero besarte largamente, recorrerte todo, contemplarte, y sentirte romperme, y sorberme, y entrar, y besarme toda la noche, mis ojos, labios, espalda... espero por ti, mi caballo, aunque sea un poco, a ver si llegas a darme todo lo que quiero, cada centímetro. Quiero que me veas y tiembles de placer, que me sueñes, que te imagines dentro de mí, yo sobre ti, y te cabalgo, y me desboco, y salto sobre ti, y grito y me rompo en tus labios, alrededor de ti, en tu cuerpo, en tu pene enhiesto, en tu espalda, lamiéndote, chupándote, sorbiendo la piel de tus muslos. Y quiero hacerte el amor, quiero que me penetres, que saltes sobre mí, quiero que tu cuerpo se pierda dentro de mí, que te dejes correr en mi vientre, en la humedad de mi vientre, quiero que me voltees, y entres en mi desde mi ano, que te pierdas en mis gritos que separes mis nalgas y entres todo. quiero más, quiero subirme a tu pene, saltar, provocar una ola que te obligue a sumergirte, a respirar de mi vientre, a morderme, a tragarme en trozos... ven, no te vayas ahora. Ven y descubre que no hay fin, que la noche empieza en este grito que te debo y me debes, este grito que se repetirá mil veces. Mis nalgas te llaman, te llama mi sexo, mis senos, mi piel. Ven, entra en mí, desgárrame, húndete en mí, déjate correr. Quiero darte todo, incluso lo que no imaginas, lo que no crees posible, la utopía, la piel después de la piel. Quiero sentirte sangrar, extenderte, crecer, volverte uno con el deseo, con mi deseo, volar, correr en mí, dejarte ir, quiero tu saliva, tu semen, tu sudor, todo, tomo todo y lo gozo, y lo hago mío... mi caballo, mi jinete, mi montura...
Te espero mi amor, quiero tu sal, tu sudor, ese olor a hombre que ha de trastornarme, quiero la piel de tu verga, de tu espalda, tus axilas, quiero tus gritos. Te espero, mojada. Ven, poséeme, hazme gemir, doblégame. Lánzame, úsame, rómpeme... lame mi piel, mis caderas, mis nalgas, mis senos redondos. Ven, como un río, como una ola. Ven, deja que tu pene corra, que vuele, que vibre, que estalle, déjate correr dentro, fuera, sobre, en mis nalgas, en mi espalda, entre mis senos, sobre mi pelo, en mi cara, en mis pecas, en mis lunares, entre mis uñas, bajo los pliegues de mis nalgas, entre las hebras de mi memoria, en mis esquinas. Quiero que te pierdas en las huellas de mis nalgas, en mi cuello, en mi nuca, que encuentres tu ritmo entre mis gemidos, en esa locura de mis caderas, en la embestida final, en los restos de tu deseo que descansa en mí, que se corre en mí, que me empapa.
Ven, entra. Éntrame, regálame tu sudor, tus dientes, tus uñas, tu grito, desgarra, húndete en mí, déjame sin vida. Yo te voy a dar la vida, te la voy a regalar como una puerta hasta lo eterno, para que te extiendas, te continúes, pero dejes toda tu esperma en el camino, la deposites en mi cara, mi lengua, mi garganta, y descubras que todo puede acontecer, que el grito no es sino el comienzo, que la languidez no es salvo una etapa preparatoria...
Ven, pruébame, vamos a jugar a ser dioses. Huele mi olor a mar, a fruta madura, saborea mi agua, mis jugos, la textura de mis senos cuando te saben cerca... entonces ahí, entre mis senos tu pene, justo hasta tocar mi lengua y en mi garganta donde se cierra el deseo y tú te vuelves sal, líquido, esperma, y yo te trago, me alimento de tu placer, y tú te tragas mis jugos, mi sal, el agua de mi vientre que te nombra, que te llama, invocándote, reclamando, más, más, más, otra vez...
Y así, absolutamente erecto, me tocas con tus dedos largos, entras en mi ano, tocas desde ahí la punta de tu verga que me recorre, que me clava a la pared frente al espejo, y te sientes, y metes tus dedos en mi cuerpo... buscándote.
Luego esperemos el amanecer, y el anochecer, en la arena, en el agua, en el jardín, y la lágrima cristalina que saldrá de mi clítoris cuando esté seca mi vagina y no quede sino sal. En todos lados, y entonces, cuando ya no puedas más, cuando estés a punto de desfallecer, cuando suspires, me sentaré sobre ti, sobre tu pene lacio, sobre tus labios secos, y te haré el amor, sin mañana, porque te sueño, te deseo, te espero, hace siglos, me arrebato por ti, me pierdo, me encuentro, me deseo...
Y seco quiero dejarte, exhausto. Di que quieres montarme, hundirte, vaciarme, di que me quieres sobre ti, loca, perdida, hasta el fin de mi cuerpo. Cuando me posees y sólo estoy imaginándote aquí, pero me encantaría saberlo, saberte, sorberte, chuparte desnuda sobre mi cama, desnuda en tu sueño, en tu piel, en tu deseo.
Hoy puedo sentirlo todo, hasta el aliento que no te queda ya. Y entonces, si aún te quedan fuerzas, puedes intentar la remontada, embestirme...
Entrar en mi cuerpo caliente y dejarte correr, así... no, primero quiero que te pegues a mí. Que tu piel se pegue a la mía, que tu pene me roce la espalda, la cara, que tu aliento me caiga sobre la nuca, que tu lengua me toque, leve, y que tus manos me rocen todo el cuerpo también, y tus labios, que te acuestes sobre mí, yo de espaldas, desnudos, y tus manos me busquen, y entonces yo me viro y estoy debajo de tu cuerpo, de frente, y tú te dejas caer sobre mí, me aprietas toda, y me lames la cara, la boca, me chupas los labios, y bajas, vas bajando lento, despacio, besándome y lamiéndome todo... y mi sexo te busca, y me tocas con la punta de tu lengua, buscas mi sal, mis jugos, y me sorbes la piel, y yo te beso y lamo y muerdo, y me muerdes suave pero con fuerza, y tu lengua no quiere desprenderse de mí, con deseos, y yo también quiero lamerte, chuparte, tragarte, entonces me das vuelta y te echas de espaldas en la cama ... y yo quedo sentada sobre ti...., sobre tu cara mientras sigues lamiéndome todo. Y te cabalgo. me siento sobre ti, entras en mí, resbalas, arrastras la piel de los bordes, y se oye mientras rasga, y luego empiezo a cabalgarte, mientras te beso el cuello, las orejas, los ojos, y tú me sujetas las nalgas, entre tus manos, me jalas, marcas el ritmo, y me volteas, mientras me apoyas contra el espejo, y mojas tu verga en mi vagina y recorres mi ano, lo seduces, me tientas, y me muerdes la espalda, y sujetas mis senos desde atrás, y yo me inclino un poco, y vuelves a mi vagina y entras así desde atrás, yo mojada, caliente, y me jalas por las caderas, y coges mis senos, y te alborotas, y cada vez me das más, y más, más fuerte, más rápido, más adentro.
y tu pene juega a recorrer la entrada de mi sexo, como un saludo ritual, y mi sexo se abre hambriento, y sientes como un calambre, como electricidad, y tu lengua la recorre y la ensaliva.... y me encanta, y te recorro con la punta de la lengua, con los labios, y me trago ese jugo rico que te sale transparente y salado, y te chupo los testículos, te los sobo con las manos, y tú me jalas del pelo y metes tu pene entero en mi boca.
Y mi vagina se contrae, y metes tus dedos dentro, coges el clítoris entre tus dedos mientras tu pene va abriendo mi ano, y va entrando en mí perdiéndose entre mis nalgas... los testículos chocan contra mis nalgas, y ya no das más, y yo meto la mano en mi vagina y me chupo los dedos y te los doy a chupar a ti, y te beso la boca, y me siento a horcajadas sobre ti, y yo salto sobre ti, y grito. Y te siento dentro de mí, latiendo, cierto al fin.
y hay un grito mío, tuyo, y siento tu pene vibrar dentro mío, y mi vagina se contrae, te aprieta, te toma, te absorbe, embates, embistes, ciego, preso de las ganas, loco, y mi cabeza contra la madera, chas, chas, chas, sobre ti, mientras tus jugos se escurren, en mi piel, hasta la rodilla corren, y tú me besas la cara, el cuello, los ojos, y me abrazas, y te fundes conmigo, y todo lánguido te dejas caer, y yo sobre ti, y te beso, suave, y suspiro, y me relajo, y mi clítoris pierde volumen, y mis manos te piensan , te aprenden, y me duermo sobre ti, en tu pecho, y mi deseo se escurre sobre los pelos de tu cuerpo, y te dejo oloroso a mí, y me corre la saliva, se pega a tu piel, y me corona una sonrisa plena, dulce, exhausta...
miércoles, 20 de octubre de 2010
Azul
Él la violó. Y si yo no hice nada fue porque ella me lo pidió con tanta vehemencia como si en ello le fuera la vida. Me lo dijo bien clarito y más de una vez: no hagas nada, ya fue. Para cuando entramos otra vez al carro ella llevaba la blusa rasgada y el pelo lleno de agua de mar. A mí me daba una rabia verla así, mandándome callar mientras yo sabía bien lo que había pasado. Pero uno no es quien para decidir sobre las violaciones que otro sufre y quiere guardar en silencio. Así que nos acomodamos como pudimos en el asiento de atrás del ladita azul; yo con los ojos fijos en la nuca cochina y sudada de aquella bestia en pantalones, ella disimulando el desorden de su ropa y su pelo, el dolor que le hacía torcer la pierna derecha hacia fuera como si se tratase de una prótesis en lugar de una pierna real. Fue ahí cuando pensé que quizá tuviese algún hueso roto, porque no era natural ese ángulo, ni que para moverse del sitio tuviera que cargar el pie con ambas manos como si se tratase de un gusano gigante. Pero ella sonreía disimulando el dolor atroz que debía estar sintiendo, y me pasaba la mano por la rodilla como si fuese yo y no ella quien necesitara consuelo. Sentí tanta rabia que pude haberlo matado allí, sin más, sólo con que ella me lo pidiera. Yo le miraba los ojos como diciendo déjame matarlo, déjame matar al hijo de puta. No tenía ni que habérmelo pedido, con un movimiento de cabeza habría sido suficiente, con un guiño, hasta con haber cerrado los ojos. Yo hubiera sacado la navaja de mi monedero y se la hubiera clavado entre las vértebras cervicales. Después todo hubiese sido cuestión de correr y dejarlo desangrarse, paralizado. Aunque pensándolo bien quizá hubiese tenido que cargar con ella, ponerla sobre mi espalda porque por mucho que disimulara ya yo sabía bien que no iba a poder acomodarse a horcajadas con ese lastre de pierna. Metí la mano y toqué el lomo de la cuchilla calculando que si se decidía ahora todavía podría matarlo sin que nadie nos viera. No dije ni una palabra porque no hacía falta. Yo simplemente esperaba su orden o su consentimiento pero ella seguía mirándome de frente, convencida de que si se desmayaba iba a despertarse junto al cadáver del hombre que la había violado. Salimos de la zona de playa y entramos en la ciudad. Cada vez era más evidente que todo iba a quedar como estaba, y que nosotras volveríamos a la escuela como si nada, como si nadie hubiese estado a punto de ahogarla sólo para asegurarse de violarla sin resistencia. Casi no había tráfico porque era muy de madrugada aún y las cuadras se sucedían con una rapidez de vértigo. Y ella ahí, aguantando, con la sonrisa congelada en medio de la cara, cada vez más lívida. Cuando empezó a aclarar pude verla mejor: tenía moretones por el cuello y la cara, como si él hubiese intentado estrangularla. Yo podía sentir mis ojos inyectados en sangre, exigiéndole una licencia, un compromiso con la realidad que ella quería evadir a toda costa. Nos bajamos en un semáforo en una de esas calles que cuando están vacías resultan tan irreales que parecen de atrezzo. Todo lo que quedó de ese día fue la imagen de una mancha azul que se perdía entre los carros. Eso, y la certeza de que si ella me lo hubiese pedido yo hubiese tenido que vivir para siempre con un muerto en la cabeza.
lunes, 18 de octubre de 2010
concupiscencia
(anónima, única, cualquiera)
veo las casas, los ríos, el camino despoblado
(que nunca conduce a ningún sitio)
y al final
la finca
sin mangos ni matas de naranja
sembrada de tilapias
mar sobre mar
jaula de agua dentro de jaula (de agua)
tierra seca y sin tierra
y los peces saltando fuera
a su libertad
para dejarse morir
como mangos que se pudren
sobre un lecho de hojas
como si prefiriesen el sol y la agonía voluntaria
a los abismos inciertos
de una red quincenal
y luego allí, varados
boquiabiertos
dar fe de un albedrío poco menos que divino
poco más que humano
simplemente animal
y adentro, en la casa de campo
guatacas y machetes
bajo capas de óxido y hastío
ridículos ya en su dignidad
de fango y tierra
imposibles en este mundo
donde un hombre
con el corazón de surco
añora los días felices de escardar posturas
mientras juega
desapercibido
con un manojo de anzuelos