debíamos amar
ensañarnos alevosamente cursis
y amar desconsolados
y de lunes a viernes en capítulos de cuarenta y cinco minutos
debíamos amanecer y anochecer enamorados,
perdidos,
intoxicados de feromonas y hormonas y serotoninas y endomorfinas
y amar con cara de idiotas, con palabras de idiotas, y con el providencial hilo de baba.
debíamos amar inescrupulosamente, a tiempo completo y sin vacaciones ni salarios
amar como bestias enloquecidas y pendientes de reproducción
(bajo amenaza de extinción y con sobre de despido)
debíamos amar insustanciales, como caldos sintéticos (de pollo)
y centrales de esterilización y bancos de semen sin donaciones anónimas
debíamos amar a destajo, con energía renovable y mayoría absoluta.
deberíamos amar como si en verdad pudiéramos, y supiéramos, y quisiéramos
pero somos de polvo y papel moneda
y la materia de los sueños compite con el último grito de la moda
y se ve su anorexia en el plasma carísimo de una tv con demasiadas pulgadas.