lunes, 17 de mayo de 2010

La Hora

Lo sentí irse. Sacudir lentamente la costumbre y la memoria; desprender, de un manotazo, el tiempo. De espaldas era un animal común: patas, cuerpo, cabeza. Un animal que en algún punto habría de saciar sed, hambre y cansancio. Lo sentí arrastrar sus pies graves, aplastar con desgana la tierra roja y seca, imponer su vacuidad al campo, fundirse con el polvo enojoso de la tarde. Tenía los músculos flojos, hastiados de la vigilia, distendidos más allá de la mueca o la fatiga, simplemente inertes. No podía verla pero imaginaba su sonrisa, esa estúpida expresión de bestia satisfecha, ese arrobamiento impúdico que corona la satisfacción de una necesidad tan elemental como impostergable. Lo sentí suspirar, humedecer con su lengua porosa los labios resecos, contraer las pupilas voluptuosas, levitar sobre el camino exangüe y las hojas calcinadas de los plátanos.
Cuando se marchó del todo y el camino no fue más que un absurdo hilo empolvado y solitario, me desmayé. No lo sé a ciencia cierta pero sospecho que pasaron horas antes de que lograra despertarme y ponerme en pie. Aún estaba desnuda y me dolía todo el cuerpo. Sobre la tierra, extrañamente húmeda, mi virginidad se escurría como un mínimo terror grabado en sepia.

martes, 11 de mayo de 2010

Los perros y la mar se entienden,
son como una misma cosa
triste y solitaria
viva
brava .
Como una misma cosa transparente
abierta a los sueños de los hombres
mar y perro
mar eterna, madre mía
perro hambriento.
Los perros y la mar se entienden
qué sola me he de quedar
perro y mar
el día que no los lleve
yo, criatura de isla
que no la puedo tener
la mar
mar eterna
lenta mar de mis tristezas
(y el perro enfermo
desgajado del hombre
perdido en el invierno).
Qué sola me he de quedar
perro y mar
sola en medio de esta tierra.
Hasta los ciegos ven la mar
pero yo, que nací pez
no puedo verla.
Hasta los pobres gozan de la mar
pero yo, que vivo presa
no puedo tenerla.
Hasta los locos sueñan la mar
pero yo, cuerda y despierta
sin perro, ni mar
qué sola me he de quedar.

domingo, 9 de mayo de 2010

miro el pan sobre la mesa con su mantelito azul y sus rodajas de piña dulcísima. lo recuerdo desde siempre en la bandeja azul-farmacia, de cristal translúcido, junto a la jarra turbia llena de leche con vainilla y el trozo ínfimo de chocolate. miro el pan entero, virgen de todo roce más allá del hombre que lo amasó, horneó, y dispuso sobre el estante de madera: puro, mitológico, inmaculado. con mi mano derecha acuchillo su cuerpo íntegro y alimenticio. rebano su cabeza. hiendo mis dedos en la masa blanca de su vientre y la arranco para llevarla hasta mi boca. trago este pan asesinado, muerto por mis manos, descuartizado. lleno el cuchillo de esa gelatina inconsistente que madre llama "La Mantequilla", lo hundo hasta el fondo del pomo que la contiene y puedo sentir su dolor, la pena gelatinosa de saberse dividida, fragmentada, disuelta. guardo otra vez el pan (lleno ya de "La mantequilla"), intento recomponer su figura desmembrada, su silueta maltrecha. madre me ve, sus ojos anegados en llanto. se limpia las manos en la servilleta (desechable, como el pan). a tumbos se levanta, se pierde tras la mampara de la cocina y cuando vuelve, sonriente otra vez, trae entre los senos maternales un pomo de pastillas.

(quiero comer pero el asco me domina. vivo sobre los cadáveres de todo cuanto existe.)

jueves, 6 de mayo de 2010

abril y por las tardes

el palomero silba sobre la ciudad
bajo la lluvia
su voz metálica
reclama palomas
-sus palomas-
las invoca jugándose una pulmonía
a sus pies los tejados
la bahía infinita
(mortal)
donde duermen (mas no en paz)
carabelas, calaveras
500 años de conquistas
diez metros más allá
(de mi ventana, no del mar, no del silbato)
un profeta sin nombre también llama
(esta vez a Jesús, de palomas nada sabe)
mientras tortura unos tambores sin linaje ni academia
cursi como ha de ser esta fe ciega (pero sobre todo sorda)
que es azotea vulgar donde se trepan
(trepanados, tremebundos)
como prueba de su amor
para que todos puedan
(sobre todo los que no quieren)
verlos (oírlos)
y compiten los dos
-palomero y profeta-
a ver quién llega el primero (ave o salvador)
nada se inmuta
la lluvia igual
la noche adelantándose
el palomero maldice (los otros aún rezan)
suda, sufre, se sofoca,
mientras agita el señuelo
(sujeto y predicado, nunca verbo)
casi una amenaza
-prometedor, seguro-
frente a la jaula abierta.

viernes, 30 de abril de 2010

para Alexander

hinchado de soledad
(como un pez??)
rotos los límites de su cuerpo físico
el desasosiego de una columna vertebral
espina
ola
sin piel
sin agua
abigarrado
distendido
enorme en su soledad,
brutal
pleno

lunes, 26 de abril de 2010

....

Para Yudith
1
esa huella
que dejan los eventos más triviales en el agua de tu vientre
en tus manos como dos regaderas rotas por donde escapa la tristeza
el amor
por donde nada escapa
la firma profunda
como un surco
desasida
infinita
en que una vez ardió la llama.


3
y dentro de ti el dios
la vida dentro
la interminable secuela del amor
la espuma, el viento, la sal
la isla,
el deseo de la isla
el sueño de la isla
el tormento de la isla
la penitencia
la exquisita y lánguida textura del recuerdo

5
y allí el pez!!
sobre la piedra que antes de morir fue hombre
implume, desaletado, ronco
tan calmo
(anochecido en su dolor)
como un cauce imposible
seco, vacío, sin agua
con la memoria de río royéndole el corazón de tierra


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lunes, 19 de abril de 2010

prendo la luz
(en una gimnasia absurda y ridícula)
extiendo mis brazos hasta el interruptor tan alto
(recuerdo que fui, soy, puedo permanecer niña)
obscuro
qué arcaísmo
obscuro otra vez
casi blasfemia, adolescencia de la palabra, pobre
albedrío
sube y baja la pieza minúscula
no se hace la luz
será porque es domingo??
frente a mi cara el espejo, inmutable
inamovible
el segundo en un año
el primero los gatos
todos menos uno
aquél que se fue
leucemia
dijo el doctor
lo sé por el aroma
y yo discapacitada/incapacitada/minusválida/sin olfato, en fin,
nada que me diga ojo tu gato enferma
ojo que se muere
ojo que ya no da más
y entonces la luz enciende
para qué
a estas horas
con los pies entumecidos
sin gato
mientras afuera llueve o casi
famélica y tranquilamente
otros gatos
negros, (dos esta vez)
maúllan en la terraza su soledad neonata
ectópica
recién estrenada
que durará por siempre